Hasta ahora, papá.

octubre 15, 2015

Kafka

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Soria: Cuando ser un alcalde xenófobo no era impopular

octubre 15, 2015
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En la carrera de Historia los mejores profesores son los que nos enseñan a ver las cosas con perspectiva. Saber de dónde vienen los acontecimientos del presente analizando bien toda la casuística del pasado es fundamental para un análisis correcto de los acontecimientos. Cuando hacemos este ejercicio nos sorprende mucho descubrir cómo era en el pasado de remoto y desconocido: la mentalidad de las personas, las condiciones de vida, cómo eran los políticos, los reyes…Miramos a esos personajes escandalizados desde nuestro blindado y democrático presente occidental, reconfortados por estar tan lejos en tiempo y espacio de aquella tiranía, de aquella demagogia.

Pero lo que voy a contarles, no sucedió hace dos siglos, ni quinientos años. Sucedió hace solo doce. ( A Braudel eso no le parecía ni tiempo histórico).

Y es que en 2002, el entonces alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, (hoy ministro de Industria, Energía y Turismo del Gobierno de España), José Manuel Soria, tuvo a bien dejarse asesorar para escribir algo que hoy nos parecería inadmisible: una arenga a los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria para que apoyaran la expulsión a los inmigrantes que llegaban en masa a las islas.

En aquel entonces su opinión ocupaba con frecuencia una página de uno de los periódicos más vendidos en las Islas Canarias, el Canarias7 y fue en este espacio donde se despachó a gusto. El actual ministro se refería a los inmigrantes que llegaban, por aquel entonces con mucha frecuencia al sur de Gran Canaria y a las islas de Lanzarote y Fuerteventura en patera, de la siguiente forma:

“En el entorno del parque Santa Catalina, pernoctan cada noche entre doscientos y trescientos inmigrantes ilegales, generando no sólo alarma entre los vecinos sino un espectáculo impropio de una ciudad como la nuestra”.

Cabe responderle que el espectáculo impropio de una ciudad como la nuestra es que él haya sido alcalde en ella y que la alarma la estaba creando él, porque ni él ni su partido tienen ni idea de lo que es gobernar atendiendo a las demandas sociales de la mayoría y a una política de fronteras respetuosa con los derechos humanos. Seguiré citando las frases más alarmantes por demagogas:

“¿O es que cualquiera de los que tanto critican las expulsiones de ilegales a sus países se apunta a voluntario para que en vez de en Santa Catalina estén en la puerta de su casa? (…) Y como el Gobierno de Canarias elude esa responsabilidad, pues nada ¡al parque! Y que sea el Ayuntamiento quien se encargue de darles de comer”.

¡Qué bonito! Uno no sabe si está leyendo al máximo responsable de una ciudad o se ha colado en un bar en hora punta, a tiempo para escuchar todos los lugares comunes podridos de la ideología más rancia e ignorante que nadaba en las mayorías democráticas de este país. Qué oportunidad perdió el actual ministro de ser conciliador, de ser un referente en lo que era la puerta a Europa de los inmigrantes antes de la crisis. Qué oportunidad perdió de hacer crecer a la ciudad en una tolerancia inédita en un intercambio cultural, en una forma novedosa de afrontar la inmigración que hoy sigue siendo un tema sobre la mesa.

Sé que es pedirle peras al olmo, ¡Pero es que este hombre es ministro de España! Hoy se le habría confiscado su cuenta de Twitter, o hubieran sido unas declaraciones virales, pero hace solo doce años este hombre que es el mismo que hoy ha puesto un impuesto al sol, sembraba este odio en un perfil de votantes y sobre todo ante el desconocimiento de lo que significaba la inmigración.

Para terminar su columna por todo lo alto, remata, venido arriba:

“Por tanto, ni un solo inmigrante más debe ser derivado a Las Palmas de Gran Canaria … y en todo caso al amparo de los acuerdos de la Cumbre de Sevilla sobre el plan europeo de expulsiones masivas de inmigrantes ilegales…debe procederse con carácter inmediato, a la elaboración y puesta en marcha de un plan urgente que expulse a sus países a cuantos inmigrantes ilegales estén en las calles de Las Palmas de Gran Canaria, cuyos ciudadanos han entonado el ¡basta ya! y su alcalde también”.

La verdad es que viendo la hemeroteca que se gasta José Manuel Soria, lo menos patético de su gestión es imaginarle en su casa quemando con un mechero las facturas reales del hotel de Punta Cana. Esto es mucho más grave, hablamos de políticos camaleónicos que se adaptan al clamor de los tiempos diciendo barbaridades. Lo cierto es que incluso esos ciudadanos a los que se refería, hoy, al margen de su ideología ya se merecen otra altura moral de sus gobernantes, una manipulación menos torpe y una demagogia menos previsible.

 

Fuente: José Manuel Soria. (2002). Inmigración ilegal. ¡Basta ya!. Canarias7, 5.

http://elpais.com/diario/2001/10/31/espana/1004482818_850215.html

 

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